domingo, 6 de agosto de 2017

Ninguno saldrá ileso.

Cuántas veces lo damos todo por nada y acabamos completamente vacíos. Aún así, no nos importa. Preferimos sentirnos muertos a estarlo de verdad, porque un corazón sin arritmias no tiene vida. Un corazón que no acelerada ante una mirada, esa mirada, no es más que una máquina.
Hace tiempo que no sé de ti, nadie ha pronunciado tu nombre y nadie ha preguntado por ti; es como si te hubieras volatilizado, como si ya no existieras. Me da pena, porque estar juntos nos sienta genial, pero preferimos decir que no, que no debemos, que no podemos y así nos alejamos a tiempo, justo antes de darnos cuenta que juntos somos felices. Ojalá estuvieras buscandome, pero sé que no. Tú tienes otras formas de tapar tu tristeza, otras formas de intentar ser feliz, pero siempre sin serlo del todo.
En estas cosas del querer siempre hay alguien que lo hace más: más fuerte, más intenso, más mágico. Ese alguien soy yo, quien siempre espera a volverte a ver, para recibirte con el corazón en la mano, para dartelo de nuevo, tan roto como mi sonrisa, esa que siempre fue más tuya que mía. 
A veces, cuando estamos juntos me pregunto qué estamos haciendo. Por qué nos mramos y sonreímos de esa forma, conscientes de que si solo quedasemos tú y yo en el mundo no dejaríamos de comernos a besos a cada segundo. 
Porque si solo fuesemos tú y yo...

martes, 11 de julio de 2017

Solo dos palabras con tu voz.

Tenemos una capacidad bestial de romper con todo lo que nos duele, aunque nos cueste y duela el doble, lo hacemos. Acabamos con todo justo antes de que todo acabe con nosotros, creyendo que así todo será más fácil, pero nos equivocamos. Huímos del dolor y es lógico, nadie quiere romperse. Huímos y nos hacemos los fuertes. Huímos y nos creemos felices, pero no. Podemos autoengañarnos pero, en el fondo, siempre vamos a tener la certeza de que aquello que nos mataba era lo que realmente nos hacía felices. Es entonces cuando volvemos y nos damos cuenta de irse no ha servido para nada.

Tendemos a callarnos miles de cosas, a quedarnos a medias, a no querer mostrar nuestro interior al completo y, cuando lo hacemos, no somos capaces de soportar el silencio que se forma. Porque cuando decimos algo esperamos una respuesta de vuelta y no nos vale cualquiera, solo una. Una respuesta que no llega y eso es lo que no soportamos, seguir escuchando a esa persona y que nunca diga las dos palabras que quieres escuchar. Dos palabras que podrían cambiarlo todo pero que nunca lo harán.


sábado, 8 de julio de 2017

El tiempo y esas cosas que pasan.

Cómo cambian las cosas de un día para otro. Cuánta gente se va y cuánta viene. Y cómo tememos a que pase el tiempo y seamos incapaces de aceptar justamente eso, que el tiempo pasa. Siempre. Todo sigue su rumbo sin importar lo que pase. Todo menos nosotros, por eso odiamos tachar los días del calendario, porque ssignifica que has vuelto a perder el tiempo en la maldita historia de siempre. Esa que te roba el sueño, los pensamientos y, cómo no, el corazón.

Te niegas cada día lo mismo, te acuestas pensando en no pensar y, al final, siempre sonríes al mismo recuerdo. No tienes porque temer, aunque todo cambie alrededor y tú sigas con lo mismo de siempre, no importa. Porque no pueder decirme que no es bonito, no puedes decirme que no es eso lo que te da fuerzas para levantarte cada mañana, que no es esa forma de echarle de menos, esa forma de contar los días que llevas sin él, esa forma de mirar su foto cada día y recordar aquel abrazo de despedida. Así que empieza a aceptar qué es aquello que hace que aparezca el brillo en tus ojos cada día, empieza a aceptar la realidad y disfrutala, joder. Que ya va siendo hora.

lunes, 19 de junio de 2017

Es lo que soy cuando estás conmigo.

No me lo estás poniendo nada fácil. Tus ojos no me dejan ver más allá y no hay más allá. No hay nada tras de ti, no me queda nada sin ti. No quiero despedidas, pero si nunca volvemos a vernos y tú nunca sabes lo que has hecho en mí, nunca me lo perdonaré. Tengo miedo, mucho miedo. Miedo de perderte, miedo de no saber qué será de mí cuando tú dejes de ser mi rutina. Miedo de que me olvides y olvides todo esto, porque yo nunca lo haré. Nunca podré cerrarte la puerta, siempre estaré para ti. Siempre. Porque te debo mucho y porque mereces todo; y estoy dispuesta a dartelo, siempre.

Es tu forma de mirarme mientras intentas decirme que hay cosas que no pueden ser, tu forma de aceptar que te has equivocado, tu forma de decirme que no quieres que me vaya. Todo eso me está matando, porque no quiero irme. No quiero dejarte, no quiero dejar de quererte, pero te estoy echando tanto de menos que estoy sintiendo como me muero por dentro. Me estoy vaciando con tu ausencia y solo quiero llamarte, ir adónde quiera que estés y decirte que en este mundo cualquier persona muere si no te tiene en su vida. Porque tienes una manera increíble de ser persona. Tienes un corazón tan sumamente increíble que estaría dispuesta a darle mis latidos cuando los suyos cesaran.

Quiero que sepas que te amo, que nunca me creí capaz de volver a sentir algo así. Pensé que nunca podría desear que otra persona fuera la que me hiciera feliz, hasta que llegaste. Conocerte ha sido lo mejor que me ha podido pasar en mi vida. Conocerte de verdad, conocer esa persona que hay dentro de ti, esa que merece toda la felicidad del mundo. Esa que tampoco quiere despedidas, ni dolor. Esa persona que no quiero dejar marchar, porque es la única persona con la que quiero despertar cada mañana.

domingo, 11 de junio de 2017

Rompe este maldito silencio que está rompiéndome.

Sin apenas darme cuenta, ya estoy sin ti. De repente, he visto como todo se ha acabado delante de mis narices y no es que no haya hecho nada por detenerlo aunque fuera por un instante; lo he intentado, he hecho lo posible porque pararas delante de mis ojos por unos minutos, pero siempre has tenido algo más importante que hacer. Me gustaría entenderte al completo, saber la razón por la que haces lo que haces, sin atenerte a las consecuencias que eso conlleva, pero como esas consecuencias no te afectan a ti, supongo que no importan, ¿no?

Sé que digo demasiadas cosas, que no debería hacerlo y que darte mi corazón ha sido la peor decisión que he podido tomar. Pero lo hecho, hecho está. Siempre lo has sabido, siempre he sido clara contigo pero no has querido afrontarlo y me has roto. Quise confiar en ti, quise creer que serías capaz de mirarme a los ojos  mientras te pedía que no te fueras, que no lo hicieras del todo y mucho menos para siempre. Pensándolo bien, ¿cómo vas a irte si ni siquiera has estado?

Uno tiene que ser consciente del dolor que siente para poder afrontarlo, pero no quiero ver el vacío que has dejado en mí. Te juro que no podría soportarlo, porque no puedo imaginar el resto de mis días sin tu rostro en ellos, pero tendré que hacerme a la idea. No hay nada infinito en esta vida, nunca nadie se quedará para siempre.

jueves, 8 de junio de 2017

No tiene ningún sentido, pero es consecuencia de sentir.

Supongo que a estas alturas ya sabes que me encanta hacer todo eso que no debería. Supongo, también, que no le encontrarás el sentido a hacerlo si luego voy a pedirte disculpas, pero no lo voy hacer. Me habría encantado tener la posibilidad de explicarte un montón de cosas, desde las sonrisas que me has provocado, hasta los días en que no quería ni ver el sol y lo único que necesitaba era tu presencia, que nunca estaba.
Una parte de mí se pregunta si acaso te dignas a leer todo esto y, si lo haces, se pregunta por qué razón nunca quisiste escucharme pero sí leerme. Pero bueno, volveré a suponer. Hay cosas que son y ya está, cosas que pasan y no tienen un porqué. Tendré que dejar de pensar en ello, si no, acabarás convirtiéndote en el maldito sol de mi universo y nunca podré dejar de orbitar a tu alrededor. Y creo que ninguno de los dos quiere eso.

Ojalá estés leyendo esto. Porque quiero que sepas que lo odio, odio escribirte y saber que esto no significa absolutamente nada para ti. Ser consciente de que estoy abriendo mi corazón de par en par al vacío, no es que sea muy agradable. Supongo, como siempre, que si lo hago es porque creo que en el fondo no hay un vacío, que a veces incluso haces un pequeño intento por escucharme. Como ahora.

Puede que no conozca nada de ti y puede que pienses que te tengo en un altar, que te has convertido en el Dios de mi vida. Pues no. En mi vida no hay ni dioses ni milagros. Y tú no eres ni uno ni otro, tú eres tú y ese es el problema. Que odio miles de cosas de ti, las cuales no cambiaría por nada en el mundo.

Han pasado cosas que no han significado lo mismo para los dos. Cosas que yo he sentido y tú no. Ganas que yo he tenido y tú no. Porque, ¿acaso tú has sentido unas ganas tremendas de huír de todos y de todo de mi mano? No. Es lógico y normal, no sé qué hace una persona como yo intentando hacer feliz a alguien como tú.

Esto se está haciendo largo, pero son cosas que necesito decirte y sé que esta es la única forma. Porque puedo pedirtelo mi veces, de mil formas distintas, que tú no vas a venir a escucharme. Y lo entiendo, porque en el fondo no hay nada que tenga que decirte, nada que quieras escuchar. Y lo entiendo, porque eres quien eres y tienes lo que tienes.

No sé si disfrutas con esto o si por el contrario deseas que me vaya para no saber nada más. Ni si quiera sé si quiero saberlo, solo sé que sin haberlo querido te has convertido en alguien muy especial, la razón por la cual estoy odiando un poco más las despedidas.

Lo peor de todo es que has llenado mi vida de “ojalá”. Ojalá de tu mano a cualquier sitio, ojalá tu voz las 24 horas del día a mi lado, ojalá tu sonrisa en el espejo, tus lágrimas en mi hombro, tu música en mi oído, tu silencio, tus letras, tus ganas, tus rarezas. Ojalá todo, absolutamente todo, juntos. No sé qué cojones estoy haciendo contándote todo esto cuando sé que lo único que vas a hacer es reírte. No sé por qué me expongo tanto a ti, a cambio de nada. No sé porque te quiero, pero lo hago; así que supongo que esto será algo parecido.

Tampoco sé por qué una parte de mí piensa que está haciendo algo mal, cuando lo único que hago es quererte y creo que nunca puede estar mal querer a alguien. Tampoco sé por qué no quieres escucharme, ni por qué siento que ni siquiera estás leyendo esto.

Solo quiero que tengas claro que nunca he querido ser un problema, que no sé si lo he sido o no, pero yo lo único que quería, lo único que quiero, es que seas consciente de que haces que me sea imposible no quererte. Y que lo único que deseo es que la vida te sonría, pero que tú le sonrías más a ella. Porque te lo mereces.

Nunca dejaré de echarte de menos, chico de los imposibles.

miércoles, 19 de abril de 2017

No debí saber quién eras.

En algún momento creí haberte borrado, pero todas aquellas canciones que hice nuestras volvieron a mí. Echo de menos lo que había. La confianza, las sonrisas, tus abrazos, el miedo a qué éramos capaces de hacer. Lo que tuvimos fue raro. Ninguno de los dos hizo lo que debía y cuando pensabámos que estabamos ayudando, solo nos rompíamos un poco más. Aún así, lo echo de menos. Ya no se qué hacer, porque tu nombre sigue grabado a fuego en mi pecho y quema. Quema tanto que me ha hecho volver a escribirte.

No sé si llegarás a leer esto, espero que no. Y si has empezado a hacerlo: para.

No puedo negarlo: Te quiero. He intentado borrarte con otros, incluso creí haberlo conseguido cuando volví a sentir aquel hormigueo en mi cuerpo, mientras rozaba otra mano. Pero no. Tu mirada volvía a mi mente y con ella todos nuestros recuerdos. No creía que esto, que yo, seguía creyendo en aquel nosotros que un día quise construir. Estaba equivocada. Sigue siendo tu nombre el único que quiero pronunciar durante el resto de mis días. Son las siete letras de tu nombre las que siguen aterrorizándome, las que sigo esquivando para que nadie pueda ver el brillo de mis ojos. Tú ya sabes lo que has sido para mí y eso siempre será.

No quiero quererte porque sé que volverás a irte y no soporto ocultartelo, pero es tan innecesario volver a romperlo todo. Aunque sigan siendo tus labios los únicos que quiero rozar, aunque sigas siendo tú la medicina de mis días, ¿para qué? Dime, qué gano yo exponiendo de nuevo mis sentimientos. Qué ganas tú cuando te digo que eres lo mejor que le ha pasado a este planeta y que el día que dejes de pasar, al mundo se le acabará la vida. Ganar nadie gana, porque creo que si algo hemos aprendido es que esto no es un juego.

Solo somos dos corazones que se quieren. No puedes negarlo. Si no fuera así, nada de esto seguiría estando. Y mirános. Vernos nos da tanta vida como nos quita. Es que, acaso no pasa por tu mente, cada vez que me ves, la misma pregunta: ¿habrá vuelto a sentir por otro?

Tranquilo, tengo una respuesta. Sí. He sentido por otro, porque tú eres otro. Ya no eres aquel del que me enamoré cuando tenía trece años y a mi vida le faltaba alguien que pudiera transformar mis tristezas en ganas de vivir. Eres quien se fue de mi vida porque yo era incapaz de hacerlo y era lo único que necesitaba. Me dejaste sola y me crecieron alas. Volé, volé tanto que choque con las estrellas y recordé que, una vez, a alguien le dije cuál era mi favorita: tú. He vuelto a sentir pero no por lo que fuiste, tampoco por lo que eres. Ha sido por lo que soy. Porque yo ya no soy quien fui y aún así tú sigues siendo la persona con la que quiero despertar cada mañana.