miércoles, 28 de mayo de 2014

'Duele demasiado esperar y más si sabes que no va a volver nadie para buscarte.'

Dieron dos golpes a la puerta, abrí y estabas tú. Tenías la cabeza gacha, los ojos cristalinos y podía oír tu corazón a doscientos kilómetros de mí. Apoyaste una mano en el marco y te pregunte que hacías, tú respondiste que habías venido a verme. Te deje pasar, dejaste la chaqueta en el pomo de la puerta del comedor y te invite a ir a mi cuarto. Nos sentamos en la cama y hubo unos segundos de silencio, hasta que dijiste que esto te dolía tanto como a mí. Decidí no decir nada, era demasiado irreal. Pero continuaste diciéndome que las cosas habían cambiado y que necesitabas que volvieran a ser como antes, que por muy imposible y complicado que fuera me querías. Se me escapó una sonrisa y como de costumbre me mordí el labio inferior. Cogiste mi mano y te acercaste. Dijiste que me necesitabas. Agache la cabeza y me acariciaste el cuello, te miré y cerraste los ojos, te fuiste acercando poco a poco…

Y de repente sonó el despertador. Otro maldito sueño, otra maldita ilusión. Otra vez te esfumaste, cuando más cerca estabas más lejos te ibas. No tenía ganas de levantarme, di media vuelta y me cubrí con la colcha. Pensé en ti, como de costumbre. Tenía ganas de llorar, pero no podía evitar sonreír por esa pequeña ilusión. Suspiré, abrí los ojos y olvide ese sueño. Me esperaba otro día con nada nuevo, tú como de costumbre estarías muy lejos de mi.

Estamos muy lejos de lo que éramos o al menos creíamos ser.

Las nubes invadían el cielo, el sol no aparecía y me acordé de ti. Salí a la calle y el aire fresco me puso los pelos de punta como cuando mis labios rozaban tus mejillas. De repente empezaron a caer gotas de agua, caían en mi cara, en mi pelo, resbalaban por mis brazos y no me importaba, la lluvia me recordaba a ti. No sé muy bien por qué. La lluvia oscurecía todo el cielo, hacia noche el día, era algo único que pasaba de vez en cuando. Como tú, como lo que me pasa cuando estoy contigo. Eran las cinco y cuarenta y siete de la tarde y había empezado a llover, y yo también quería llover. Necesitaba descargar la lluvia que se acumula en mis ojos, pero no lo he hecho. He vuelto a prometerme que mañana sería el día en el que me armaría de fuerza e iría a decirte que odio esta maldita situación de sentirme transparente cuando paso por tu lado. Que ilusa, para que engañarnos, la fuerza es el pie del que cojeo últimamente. Y así desde hace un tiempo, pero si no tengo la fuerza es porque tengo un miedo terrible a perderte, aunque creo que eso ya lo hice hace tiempo, no quiero volver a cagarla. Porque al final es lo mismo de siempre;  hablaremos las cosas, los tres primeros días haremos como si todo fuera estupendamente, pero de repente, seré una desconocida. Estamos muy lejos de lo que éramos o al menos creíamos ser. Ya lo dije, que aquel adiós iba a ser doloroso, y además largo. De los que te dejan una pequeña cicatriz aunque la herida se cure. Un adiós que olvida todo. Y empezar de cero tampoco se me da muy bien. En realidad no sé si hay algo a parte de quererte que se me dé bien; y si lo hay, lo he olvidado.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Porque si te pierdo, yo no me encuentro.

No me sale, hacer como que no pasa nada cuando sí que pasa. Cuando no puedo mirarte de otra forma que intentando decir que vuelvas, que te quiero. Hace algún tiempo que me gustaría darte las gracias por las veces que has estado, pero hace algún tiempo que cuando giro la cabeza para agarrarme a algo y no caer, no está tu mano. Puedes pensar que fue por eso por lo que me enamoré, porque intentaste ayudarme, porque estabas para abrazarme y decirme que todo iría bien. Pero eso no es cierto. Yo te mire a los ojos, te mire sin miedo y descubrí que tenías un mundo en ellos. Supe que no solo encajarían bien nuestras manos, sino que tu sonrisa encajaba como ninguna con mi corazón y llenaba ese vacío.  Después descubrí ese hueco perfecto que hay en tu pecho, en el que me apoye una vez que estaba perdida y me ayudaste a encontrarme. Aprendí a sobrevivir cada vez que me sonreías y se me cortaba la respiración.


Aprendí a vivir así, como vivo ahora, queriéndote.

lunes, 19 de mayo de 2014

''Las palabras se las lleva el viento''.

Había vuelto a caer. Confiaba en él, me dio razones suficientes para hacerlo. Pero ¿Qué pasa cuando no cumple sus palabras? ¿Qué pasa cuando te deja caer? ¿Qué pasa cuando gira la cabeza y mira solo para él? ¿Qué pasa cuando decide desconocerte? ¿Dónde encuentras razones para confiar? ¿En qué nos hemos convertido? ¿Acaso somos dos simples desconocidos que se conocen más de lo que creen? ¿Qué somos?
Te he puesto por encima de todo y de todos. Eres el primero, pero eso es algo que ya lo tienes más que claro.
¿Sabes qué pasa? Que no sabes lo triste que es esto. Tener un nudo entre el pecho y la garganta que no te deja decir ni una sola palabra a la persona que una vez miraste a los ojos y le dijiste ''Te quiero''.

viernes, 16 de mayo de 2014

Lo único que quería, lo único que te pedía era que no te fueras.

Camino a tu lado y apartas la cabeza. Te miro a los ojos y me traspasas con tu mirada. He estado sentada día tras día esperando a que las cosas volvieran a ser como eran. Pero todo sigue igual. Un día dijiste basta y se acabó. Soy un fantasma que te persigue cada día intentado decirte que te quiere. Ojalá pudiera mirarte a los ojos y decirte que te has equivocado, que lo único que has hecho es hacerme más daño. Dijiste que no querías verme mal y cambié, me olvidé de todos los problemas y decidí hacer lo que me pediste, por ti, por mí. No quería que te sintieras culpable. Lo único que quería, lo único que te pedía era que no te fueras. Pero hiciste oídos sordos.

Nadie en este planeta tiene idea de cómo es ser transparente para la persona que quieres. Cuando no hay nada. Cuando notas que se ha acabado. Que ha llegado el momento. Que no quiere saber nada de ti. No tener ganas de nada, sentirte sola, impotente, débil, insuficiente, insegura. Sentirte nadie para quien es todo para ti. Pero la gente es así. Te dice que no quiere hacerte daño, que quiere lo mejor para ti; pero a la primera de cambio se pira. Sin avisar.

Entonces me entran ganas de huir, irme lejos. A otra ciudad, a otro país. Lejos no importa donde, lejos. Pero tendría que renunciar a todo y a todos, olvidarte y olvidarme. Empezar de cero. Otra vida, otro mundo, otra gente.