martes, 30 de septiembre de 2014

Me he automedicado con tus sonrisas.

Puedo aceptar que lo más bonito que me hubiera podido pasar en la vida, no pueda ser. Puedo aceptar que no me quieras. Puedo aceptar que no te apetezca hablar conmigo. Puedo aceptar que seas feliz sin mí. Puedo aceptar todo lo que quieras que acepte, pero ten en cuenta que aceptar las cosas no quiere decir que no duelan. Porque entiendo que las cosas son como son y punto, pero luego por dentro de mi algo muere, algo que quizás jamás vuelva a vivir. Entonces, comprendes que probablemente no podrás volver a sentir algo así. Porque creo que cuando esa persona llega, se siente. Y desgraciadamente he sentido que has llegado y algo dentro de mí se ha muerto. Pero no te preocupes, porque no ha dolido, me he automedicado con tus sonrisas, y créeme que no hay mejor medicina. Has llegado y lo he notado, porque allá por donde voy, solo busco tu mirada, pero soy un poco desafortunada.

 Sé que por más que te espere, nunca vas a venir, pero es que me da igual. Me da igual que nunca me vayas a querer, me da igual el dolor que me puedas causar, me da igual todo. Porque si estallase una bomba atómica y a mí me pillara contigo, me daría igual. Me da igual que me matarás varias veces. Me da igual, porque te antepongo ante cualquier cosa y es por eso que no puedo renunciar a ti tan fácilmente. Porque no sé decir ‘’no’’ cuando el corazón está gritando un ‘’sí’’. La taquicardia que me provocas no se borra como si nada. Porque lo sé, he intentado dejar de quererte tantas veces, que ya ni siquiera siguiendo los pasos para olvidar, ni retrocediendo en el camino dejo de quererte. Y no sé si es bueno o si es malo. Ya no sé nada más aparte de aquel  te quiero que te dije, el mismo que sigo sintiendo, pero un poco más fuerte.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Como me gustaría compartir la respiración contigo y traerte de vuelta.

Hace tiempo que no te escribo, pero te pienso todos los días. Aunque lo cierto es que no sé llevarlo y creo que nunca voy a poder. Cuando te pienso demasiado duele muchísimo, como el primer día. Porque de repente todo se derrumbó, una bomba estalló en mi interior. Todo se fue. El sueño de volver a tenerte se esfumó, y si se esfuma un sueño…

Como me gustaría compartir la respiración contigo y traerte de vuelta. Un vacío lleno de recuerdos me ayuda, pero que injusta es la vida y como te necesito. No voy a decir que lloro cada noche, porque no es cierto. Solo lloro cuando pienso mucho y siento que todo es una mierda, cuando recuerdo los momentos vividos contigo, también. Y hoy he soñado contigo y he sentido que te echo mucho más de menos que lo que creía.


Hay tantas cosas que me gustaría decirte, que nunca te dije. Y es que hay personas que te sacan una sonrisa solo con respirar y tú eras una de ellas, pero lo mejor de todo, es que sacabas sonrisas a todo el mundo y eso sí que no lo hace cualquiera. Eras tan sencillo que te hacías querer muchísimo. 

Cuando salgo a mirar las estrellas, siempre hay una que brilla más que todas las demás y pienso que eres tú. Porque brilla tanto como lo hacia tu sonrisa, entonces le sonrío y cierro los ojos fuerte para verte, a veces se me escapa un te quiero, otras lo digo para mis adentros. Porque aunque el telón de tu obra esté cerrado, a veces me asomo para recordar tu olor y tu voz.
Siempre vas a estar en mí, pequeño teatrer. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

No podía ver más allá de tus pupilas, porque jamás me dejabas pasar.

No puedo acostumbrarme a esto. Otra vez. Duele. Un día soy tanto y otros tan poco. No puedo acostumbrarme y deberías entenderlo. Porque yo ya no sé si tu prefieres seguir sin mi o no. No sé si esto ha llegado a tal punto, que te da igual. No sé si has decidido pensar que esto se ha vuelto una tontería o si has dejado de pensar que es una tontería y que quizás tienes que irte. Ya no sé nada. Aunque antes tampoco es que supiera mucho, no podía ver más allá de tus pupilas, porque jamás me dejabas pasar. No entendí nunca porque, si ya sabía que lo que había dentro no iba a gustarme, pero me daba igual. No sé si a ti te duele esto,  solo espero que no, porque si es que sí, no podría perdonármelo nunca. Necesito que lo entiendas, que me entiendas. Que me matas cada vez que me traspasas. Que si no soy para ti, no soy para mí.

Porque a ti no se te para el mundo cada vez que te miro a los ojos.

El pasillo olía a café y como casi siempre, me acordé de ti. Y me volví a plantear ciertas cosas. Sobre ti, digo. Sí, me pregunté que como era posible callarse cuando había tanto que decir. Así que decidí intentarlo. Intentar hacer como tú, como que no pasa nada cuando en realidad pasa todo. Pero no sé hacerlo sin romperme. Y sé porque. Porque  a ti no se te para el mundo cada vez que te miro a los ojos.  siempre dices que si tengo algo que decir que te lo diga, entonces luego me he preguntado si es que tú no tienes nada que decirme. Y a lo largo de la tarde, pensando en esto último, he caído en la cuenta de que probablemente no. Por la misma razón que antes. Al fin y al cabo todo es por lo mismo, el verbo querer y poder no es posible cuando se trata de dos personas, que no están de acuerdo. Una tan ‘’te quiero’’ y otra tan ‘’deja de quererme’’.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Vuelve una última vez.

- Tienes que entenderme.
- ¿Y te crees que no lo hago? ¿Te crees que no sé cómo están las cosas?
- Si lo entendieses, habrías respetado lo que te dije.
- Que lo entienda  no quiere decir que deje de sentir.
- Ya lo sé, pero…
- ¿Sabes que es lo que pasa? Que el que tendría que entender eres tú. Tendrías que entender como me  siento cada vez que me dejas con la palabra en la boca, como me siento cada vez que hablas de lo  feliz que te hace ella.- le corté.
- Pero, ya sabes lo que hay. – me contestó apartando la mirada.
- ¿Qué ya sé lo que hay? Eres un cobarde dije empujándolo.– un cobarde...
- Por favor, no me hagas esto.– dijo agarrándome los brazos, para separarme.

Y le besé, con toda la rabia y amor del mundo. Y le dejé claro que le quería más que a nadie, sin importarme nada. Le besé con lágrimas en los ojos, quería que se diera cuenta de que para mi él lo era todo. Solo quería quererle y quería que lo supiera. Pero el me apartó, suspiró y se fue. 
Roto. Todo roto otra vez. ¿Cuánto tiempo seguiremos así? Es como si cada vez que las cosas van mejor, buscamos cualquier pequeña excusa para empeorarlo todo. Porque ya no sabemos lo que es mejor, si hacer lo que sentimos en cada momento o si contenernos y no decir palabra alguna cada vez que estamos juntos.
Vuelve una última vez. Vamos a hacer las cosas bien.

viernes, 12 de septiembre de 2014

El peor y más bonito error.

Que lo siento. Siento haberte dicho lo que sentía, haberte dicho lo más bonito que podía sentir. Lo siento, siento haberme enamorado de ti, siento quererte al despertar, al acostarme, al soñar. Siento quererte conmigo, siempre. Siento necesitarte. Siento tanto todo esto, que no te lo podrías ni creer. Porque a mí también me duele saber que enamorarme de ti ha sido el peor error de mi vida, el peor y más bonito error. Me duele ver que tú y yo jamás seremos un nosotros, que tu no quieres otros labios que no sean los de ella y que yo solo quiero los tuyos. Duele ver tu mirada cuando hablas de ella, que es la misma que la que tengo al hablar de ti. Duele, aunque suene egoísta, verte feliz sin mí. 

La carretera hacia tu sueño.

Miénteme y dime que tienes tantas ganas de mí, como yo de ti. Miénteme y bésame. Miénteme y dime que me quieres, aunque sea solo un poco. Miénteme, miénteme, miénteme. Haz como si todo fuera bien, como si mi boca fuera la que mejor sabe de todo el universo, como si mis caderas fueran las curvas de la carretera hacia tu sueño. Haz de esto tu canción favorita, haz de mi algo tuyo. Hazme sentir que juntos podemos. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Entonces, el tiempo se congela.

Y ahí estabas, con esa sonrisa que no te la quita nadie. Mirando a todos lados, hasta que has chocado con mi mirada. Algo ha cambiado, no hemos apartado la vista, tus ojos en los míos, los míos en los tuyos. ¿Pero que nos está pasando? ¿Desde cuándo hacemos esto? ''Mírame lo que quieras, pero no me sonrías'', he pensado. Pero lo has hecho, sin quererlo, se te ha levantado la comisura derecha y luego la izquierda. Y seguías mirándome. He tenido que hacerlo, he tenido que apartarte la mirada, debes entenderlo, no puedo estar tanto tiempo sin aliento. Aunque tu también la has apartado, al mismo tiempo que yo. Como si nos hubiésemos dado cuenta de que no estaba bien, pero tampoco mal. No sé, creo que no es malo privarse de los pequeños privilegios de la vida, como andar descalzos, sentir el viento en la cara mientras vas en el coche, mojarse el pelo por la lluvia, los atardeceres, cantar tu canción favorita cuando suena en la radio, un beso de buenos días, un abrazo o mirarte y que se congele el tiempo.


No sé, y si...

Lo imposible solo tarda un poco más.

Es más sencillo de lo que parece, eso de los imposibles, digo. Que a veces todo es menos complicado si dejas de pensar tanto. Si te dejas llevar, que al fin y al cabo es de lo que se trata esto. Si cierras los ojos y te dejas guiar por alguien,  por algo o por tú corazón, todo puede ser  más hermoso. Cuando nos enamoramos, somos como niños, aunque es cierto que muchas veces vemos las cosas de una manera más madura. Y digo yo, que los imposibles son más sencillos si no piensas que son imposibles. Aunque es complicado, no voy a mentir. Un imposible es como un muro de hormigón entre dos personas. Y cuesta tirarlo. Pero no tanto, si me ayudas.

Lo que intento decir con esto es que quizás lo imposible solo tarda un poco más, por eso al escuchar la palabra imposible nos tiramos para atrás, porque a nadie le gusta esperar.

Pero yo te espero, durante toda mi vida, si es necesario.

sábado, 6 de septiembre de 2014

No voy a poder vivir sin ti.

Estaba mirando el mar, estaba tranquilo, tenía sus tres tonalidades, hacia algo de viento. Yo me perdí en el horizonte, en esa pequeña linea que divide el mar del cielo. Viniste por detrás y te sentaste a mí lado:
      - Está bonito el mar, ¿eh?
      - Sí, bastante bonito.
- ¿En qué piensas?
- Va a ser difícil cuando esto acabe.
- No pienses en eso ahora.
- Ya, pero no puedo evitarlo. ¿No te da pena?
- Sí, pero ya estoy acostumbrado.
- No creo que puedas acostumbrarte a no verme cada día, a no estar presente en mis viajes astrales, no creo que puedas estar sin mí.
- Es cierto.
- ¿El qué?
- Lo que has dicho.
- ¿Qué he dicho?
- Que no voy a poder vivir sin ti.
- Me gusta como suena.


Pero lo cierto es que el mar no estaba tan bonito, pero lo parecía porque estabas conmigo. Y tú haces todo más bonito. Tenerte cerca es como tener una dosis de felicidad, como volver a vivir. Éramos niños, olvidándonos de todo, disfrutando cada momento. Sin privarnos del pequeño privilegio de mirarnos sin miedo, de mirarnos sin apartar la vista. Sin privarme de quererte, sin privarte de dejar quererte.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Puedes cerrar tus ojos a las cosas que no quieres ver, pero no puedes cerrar tu corazón a las cosas que no quieres sentir.

Ayer a las doce y cuarto de la noche, cogí un boli y taché el último día de verano. Arranqué la hoja del mes de agosto del calendario y decidí escribir atrás, no escribí nada del otro mundo, simplemente escribí una verdad que ojalá hubiera sido mentira. La verdad de que he contado los días que quedaban para vernos desde los últimos dos besos. La verdad de que te he pensado todos los días. La verdad de que no te he olvidado. Porque puedo dejarte de amar, pero no te puedo olvidar. Puedo decir tu nombre con desgana, tocar tu mano sin dejar de respirar y hablar de ti como si fueras un completo desconocido. Puedo decirle al mundo entero que ya no te quiero, que fuiste un capítulo de mi vida, que no quiero verte, decirle que hay millones de chicos que te dan cien mil vueltas. Puedo engañarte. Pero yo no me puedo engañar. No puedo mirarte así sin más, como tú me miras. No puedo escuchar tu nombre sin temblar. Puedo decir que no te quiero, pero cada vez que pasas por mi lado siento como el corazón se encoge, crecen mariposas en mi estómago, se pone ese nudo en la garganta, se me ilumina la mirada y dejo de respirar, por si ese instante se va en un suspiro. Puedo controlar mis palabras, pero no lo que siento.