martes, 25 de noviembre de 2014

Porque hay cosas que no se borran nunca. Y regresan otra vez. Como la marea.

Tenía tantas ganas de ti, de recorrer cada rincón de tu boca con mis labios, de acariciar cada lunar de tu espalda creyéndome una astronauta viajando de planeta en planeta, de acariciar tu pelo, de sentirte cerca. Tenía tantas ganas de decirte todo por lo que estoy muriendo. De decirte siempre estoy ahí, pero que nunca me ves, de decirte que eres tú por quien me paso la noche en vela, que te pienso a cada hora, que mi cabeza hace eco cada vez que alguien dice tu nombre, que espero que un día te des cuenta de que hay alguien que no solo moriría, sino que mataría por ti. Que espero que cuando abras los ojos puedas verme, que sepas que estoy aquí y que no me voy a ir. Que entiendas que si en algún momento mis días se vuelven grises y mi vida empieza a perder color, que si por alguna de aquellas esto pasa, yo solo necesitaré uno de esos abrazos tuyos, acurrucarme en tu hombro, respirar en tu cuello, vivir al compás de tus latidos. Que si un día sientes que me estoy apagando, que por favor, no dudes un segundo en abrazarme y decirme con tu voz en formato susurro, que todo va a estar bien. Aunque sea la mayor mentira del mundo, que me lo digas, porque de ti me lo creo. Porque contigo, parece que todo va a ir bien.

Que si un día vas por la calle y te acuerdas de aquella chica que te observaba por los pasillos, de aquella chica que se derretía cada vez que la mirabas, por favor, que no dudes en llamarla. Que para ella escuchar tu voz será como volver a vivir. Que le estarás salvando, que le estarás dando luz a sus días. Que ella te necesitará.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Stop the clocks forever.

Te apreté la mano, con toda la fuerza del mundo. Te apreté la mano y cerré muy fuerte los ojos. Y pedí, por favor, que el tiempo se parará. Y lo hizo. Se paró justo ahí, en medio de esa plaza de esa ciudad perdida. Las nubes dejaron de moverse, la gente desapareció y tú sonreías. Después, cuando te solté, supe que seguirías riendo. No me equivocaba. Recuerdo que me preguntaste:
 -          ¿Qué haces?
-          Nada, intentaba parar el tiempo. 
-           Estás loca, ¿cómo vas a parar el tiempo?

Yo te miré, me quité el reloj de la muñeca y te lo enseñé.

-          He cogido tu mano y mientras, he parado el tiempo.
-          Las once y veintiuna…
-          Las once y veintiuna del mejor día de mi vida.
-          Aun te quedan muchos por vivir, no te precipites.- Dijiste mientras mirabas                              profundamente en mis ojos.      
-          Bueno, no me precipito, pero… es igual, jamás lo entenderías.
-          ¿Por qué?
-          Porque para mí, todos los días contigo son los mejores días de  mi vida.

Y sin dejar de sonreír, te acercaste y me abrazaste. Y apoye mi cabeza en ese hueco mágico entre tu cuello y tu hombro. Y apretaste con tus manos mi espalda y besaste mi pelo. Y eso te hacia mágico, saber cómo y cuándo dar un abrazo, eso nadie lo hacía tan bien como tú y nunca nadie lo hará. Porque seguiré agarrando otras manos, pero en mi muñeca izquierda seguirá ese reloj que marca las once y veintiuna del mejor día de mi vida.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Look at the stars, look how they shine for you.

Entonces tú sonríes y el cielo se vuelve de ese color de los atardeceres, así como un color infinito. Y el mundo es mucho más bonito, porque se para y lo puedo mirar tranquilamente, como te miro a ti. Cuando perfilo tus labios con mis ojos y pienso en besarlos milímetro a milímetro. Como cuando rozo tus manos y me parece haber tocado el cielo. Como cuando escucho tu voz y me quedo sorda ante todas las demás, porque la tuya es la que quiero escuchar durante el resto de mis días. Porque a día de hoy, sigo sintiendo aquello que un día te dije. Porque te quiero y  creo que no he hecho ni jamás hare algo tan real como esto. Porque te siento, ahí, en lo profundo de mi pecho, en cada latido que da mi corazón, en cada pestañeo, en cada sonrisa, te siento, ahí dentro de mí. Y lo peor de todo es que me gusta, me gusta sentirte en mí, sentir tu risa tras de mí, sentir tu mano en la mía, tu mirada en mis ojos. Me gusta porque sí, porque te quiero. Porque cuando miro las estrellas y veo como brillan, pienso en ti y en tu sonrisa, capaces de alumbrar el mundo entero. Y creo que eso no puede ser tan malo.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Maybe I have said something that was wrong.

Me encantaría acariciar tu piel, milímetro a milímetro, provocar un escalofrió en ti y decirte que te quiero. Pero no. Creo que ya es hora de dejar de imaginar, ¿no? No quiero seguir mintiéndome. Si no me quieres hoy, tampoco lo harás mañana. Y lo entiendo, de verdad. Es imposible que alguien como tú, quiera a alguien como yo. Es cierto que ni siquiera sé tú tipo de chica, si te gustan con el pelo largo o con el pelo corto, altas o bajitas. Pero poco importa, porque tú ya tienes a tu chica, la que quizás si serlo, se ha convertido en tu prototipo. Pero ten entiendo, hay días que soy insoportable, que lo fastidio todo, que me enfado enseguida, pero hay días en los que soy para ti, toda, te miro y respiro lento, y sigo mirándote como intentando decirte que aquí estoy. Pero no, no estoy. Tú no tienes ojos para mí, ¿Acaso me equivoco? No puedes. No quieres. No debes. Todo no. Aceptar un no es duro, pero aceptar tres es mucho más. Soltar el aire no sirve, porque no borro tus palabras de mi pensamiento. ‘’Te tienes que aguantar. ’’ ¿Y qué pasa si no puedo? ¿Qué pasa si ya no puedo? Escúchame, por favor. Te necesito. No puedo dejarte ir, porque no me lo perdonaría nunca. Nunca. No puedo más. Me duele, ahí en la parte izquierda de mi pecho. Duele.