jueves, 23 de abril de 2015

La culpa es de uno cuando no enamora.

A veces me pregunto cómo es posible que el mundo siga cuando te tengo a apenas centímetros de mí. Como es posible que el mundo no se dé cuenta de que cuando me encuentro con tus pupilas entre infinitas miradas, un nuevo Big Bang estalla y se crea un pequeño mundo nuevo, un mundo nuestro, en el que la felicidad también nos acompaña. Como es posible que tú tampoco te des cuenta de esto. Que para ti tenerme a escasos centímetros es como si ni siquiera estuviera delante de ti. Y eso me ahoga el corazón, porque hace algún tiempo que te lo di y tú no sabes que está a tu cargo.

También me pregunto cómo es posible que a estas alturas me digan que tienes una pequeña mancha en tu ojo izquierdo, cuando yo lo sé desde el primer momento en que te vi. No entiendo cómo es posible que aún no sepan cuando tienes un día malo y que te lo hagan pasar peor, no llego a comprender como al mundo no le entran ganas de hacerse más bonito para hacerte feliz. No puedo comprender como la gente no se da cuenta de todo lo que eres y todo lo que abarcas cuando te abrazan. No puedo comprender como el interior de las personas que están entre tus brazos esté vacío. ¿Sabes por qué? Porque ya no recuerdo sin ti en mi, ya no me acuerdo de cómo era cuando tú eras cualquiera, porque creo que tú nunca fuiste cualquiera. Porque tú siempre has abarcado todo en cuando me rodea, convirtiéndome en una drogadicta a todo lo que lleve tu nombre y apellidos.

domingo, 19 de abril de 2015

Tenía un modo de sonreír que me hacía sentir pequeña e insignificante.

Verte es como si la vida recobrara sentido. Es como descubrir el por qué estas donde estas, es como mirarme adentro y decir: Si él está aquí, no debo de haber hecho las cosas tan mal. Que vale, que no siempre he hecho lo que debía, pero sí lo que sentía. Por eso quiero que sepas que tengo ganas de ti. Fue cuando me senté a tu lado y sentí que no había nadie más que nosotros, cuando hablaste y dibujé infinitas veces tus labios con mis ojos, cuando me miraste y me imitaste con una sonrisa enorme; fue ahí cuando sentí que la vida valía la pena por momentos como esos. Sentí que volvía vivir, que volvías. Y juro que me sentí infinita. Porque tenerte siempre cerca es como rozar el cielo con los dedos. Porque tenía los pies en el suelo, pero cada vez que me mirabas sentía que estaba volando. Porque parecía un sueño, porque no quiero creerme que los momentos contigo son reales. Porque en eso de joder las cosas soy una experta, así que voy a besarte. Y está vez voy en serio. 

viernes, 17 de abril de 2015

Por qué hay tanto dolor aquí conmigo.

Hay cosas en tu interior que necesitas sacar tarde o temprano. Después de 15 años siento una terrible necesidad de sacar esto de mí. Tengo miedo de perderte. Las cosas han ido mal desde que tengo uso de razón, he creído perderte unas cuatro veces y ya no aguanto más. No suelo decírtelo, pero te quiero. Has sido y serás un pilar fundamental en mi vida. Me ayudaste a cumplir uno de mis sueños y siempre me has apoyado. No importaba cuanto dolor sintieses, siempre tenías una buena cara para mí. Pero me acuerdo de aquel día en el que te vi y pensé que te habías ido. Juro que tuve ganas de irme contigo. Te he visto más allá que aquí, has tenido un hospital como segundo hogar y temo a las ambulancias por si tu vas en ellas. Quiero convencerme de que yo no tengo nada que ver en esto, que las cosas han venido así y que hubieran venido igual si yo no hubiera nacido. Pero es inevitable sentirme culpable cuando mientras yo aparecía en el mundo, tú estabas en una camilla de hospital y desde entonces todo ha seguido igual.

Me gustaría que supieses algo, aunque nunca vayas a leer esto, todo lo que soy te lo debo a ti. Siempre has sido mis ganas de luchar y seguir adelante, mi motivo por sonreír. Siempre lo vas a ser. Pero tengo miedo de perderte y escuchar cosas como "si es que cualquier día subo y me lo encuentro..." me hunden. Prohíbo esas palabras, te dejo que no le temas a la muerte, pero no te dejo que la esperes. No quiero que la esperes más, por mucho que te dieran una garantía de cinco años, aquí estas quince más tarde. No quiero ver como te consumes, como no puedo hacer nada, no puedo ver como te falta la respiración, como conforme los días pasan te cuesta más. Me niego a que te des por vencido. Si te falta aire, yo te lo doy, Si te faltan fuerzas, yo te las doy. Hago todo lo posible por tenerte a mi lado mucho más tiempo.
Sigue aquí, papá. No voy a dejarte, no me dejes.

Escribiendo sobre nada, mientras me olvidas.

Nos mató el tiempo mientras esperábamos en aquella estación a un tren, no importaba si de ida o de vuelta, el caso era escapar de aquí. Pero nunca llegó, bueno, en verdad sí que lo hizo, pero nos faltaron agallas y en esos segundos en los que nos planteábamos subirnos o no, se fue. Se fue dejando el reloj estancado en las tres de la madrugada de aquel día, se llevó todo, lo arrasó dejándonos en ruinas y así estamos. Perdón, así estoy. No sé ni lo que escribo, te llamo tren y pienso en segunda persona del plural, cuando no soy más que yo.  Pero olvida todo esto, de verdad. Olvida que te quiero, que te echo de menos. Olvídate de mí, de verdad. Yo ya me las apañaré, de algún modo, no sé cuál, pero lo haré. Al fin y al cabo te lo prometí, ¿no es así? Parece que fue ayer cuando me abrazaste y me susurraste que te prometiera que iba a estar bien. No me gusta romper promesas, así que creo que es mejor que me olvides a que esperes que vuelva a ser la que fui. Dicen que aceptamos el amor que creemos merecer, acepto la ausencia de tu amor, que te olvides de mí no puede doler más que esto. Pues dicen que una de las tres formas más rápidas de morir es cuando quieres a alguien que no te quiere. Pero cuando le quieres de verdad, cuando sientes que esa persona tiene tu corazón agarrado entre sus manos y sientes que solo con ella podrás ver claro el futuro, que sin ella solo existe el pasado. Más dolor no hay, olvídame, será más sencillo. 

jueves, 16 de abril de 2015

Y aunque el mundo se confunda, esto es la vida para mí.

Te echo de menos, no espero que lo entiendas. Son las nueve de la noche, me escondo en la música y todavía no ha oscurecido. Suelo leer entrelineas tus palabras pero tú nunca dejas nada a medias, marcas con comas y puntos todo lo que yo jamás seré capaz de decir. No te culpo; solo te pido,por favor, que me traigas de vuelta. Que me llevaste contigo no recuerdo cuando, solo sé que lo que fui se fue un día y desde entonces me odio un poco más. Porque sabes que te hablo entre líneas, te escribo en braille o te envío señales de humo con tal de decirte que tienes diez encantos:

1. La forma en la que clavas tus ojos en mis pupilas cuando te hablo.
2. Tus ojos medio cerrados al sonreír.
3. Cuando me agarras por la nuca para darme dos besos.
4. Cuando eres borde, pero no conmigo.
5. Cuando me preguntas si estoy bien cuando nadie más lo hace.
6. Tu sonrisa. (Es una buena razón por la que morir)
7. Cuando apartas el pelo de mi cuello y lo rozas.
8. Cuando paras el tiempo.
9. Cuando paras mi corazón.
10. Tu "escribiendo..." de Whatsapp.
11. Tu risa.

Después de estos diez encantos, te quedan infinitos más. Soy incapaz de enumerarlos, solo puedo decirte que contigo es como con nadie más. Que cuando te miro me olvido del resto y cuando me miras, más de lo mismo. Que solo me encuentro entre tus brazos, que solo me pierdo si no estás. Que sé que no podemos hacer de esto una prueba constante, pero necesito escucharte y sentirte a escasos centímetros de mí. Nada más, solo tenerte cerca y que el tiempo no pase. Que lo pares y te olvides de lo que quiero. Que no me observes, ni me veas, mírame. Después de estos diez encantos encuentro las razones por las que te quiero, pero jamás encontraré la respuesta a por qué te quiero tanto. No quiero encontrarla, no existe. Solo sé que después de estos diez encantos, que después de ti no habrá nadie. 

miércoles, 15 de abril de 2015

Que mates por ella, que muera por ti.

Espero que ella te de lo buenos días con una lluvia de besos, que retrase el despertador para quedarse acurrucada en tu hombro y que te preparé el café del desayuno. Que se siente enfrente tuya, que te observe mientras te bebes el café y que te imite. Espero que te acompañe a la ducha por la mañana y te bese bajo el agua. Que te coja por la espalda mientras te afeitas y que sonría al espejo recordándote que eres lo más bonito de su vida. Espero que salga contigo de la puerta de casa y que te coma a besos nada más entrar en el ascensor. Que se siente en el asiento del copiloto de tu coche para agarrarte la mano mientras conduces, que te cante todas las canciones que suenan en la radio y que sople a los semáforos para que cambien de color, y así hacerte reír. Espero que antes de bajar del coche te desee un buen día y que te bese como si fuera la primera vez. Espero que a la hora de comer te diga que su plato de macarrones estaba muy bueno, pero que están más ricos tus labios. Espero que cuando llegue a casa y te vea, te pregunte que tal te ha ido el día. Que te observe embobada y que sea feliz escuchando como te ha ido en el trabajo. Que se siente a cenar contigo y que ponga su mano en tu muslo sin darse cuenta, porque necesita estar en contacto contigo. Espero que se siente a tu lado en la cama y se apoye en tu pecho para leer su libro favorito. Que lo cierre, lo deje en la mesita de noche y comience a recorrer cada rincón de tu cuerpo con sus labios. Espero que te bese acariciando tu pelo con sus manos. Que se pierda en las curvas de tu sonrisa y que te pierdas por las curvas de sus caderas. Que te quite la ropa cual otoño quita las hojas a los árboles. Espero que se sepa de memoria la cantidad de lunares que tiene tu espalda y que los cuente, cada noche, para asegurarse de que están todos. Espero que te quite el cigarro de la boca, después de haber(te) hecho el amor, y que te diga que si quieres matarte, que lo hagas con sus labios. Y que te muerda. Y que te tenga loco. Y que le tengas loca. Espero que te haga feliz y que te haga soñar despierto. Espero que te quiera, cada día como la primera vez.

Espero que pueda darte todo lo que yo nunca podré. Espero que te quiera tanto como yo. Espero que nunca dejes de ser feliz. Pero si dejas de serlo, llámame. Estaré de vuelta, siempre que me lo pidas. Aunque ni siquiera sea tu postre, ni tu whisky de madrugada. Aunque olvides mi nombre. Si algún día te sientes solo, llámame. Estaré esperándote.

Me perderé contigo por los callejones del carmen y por tu cuello. Te encontraré en mis labios, me encontrarás en tus manos. Te llenare el cuerpo de sonrisas.
Porque solo quiero que la felicidad esté siempre de tu lado; aunque se olvidé de mí, tú la mereces más que nadie en este planeta.

jueves, 9 de abril de 2015

No importa, está todo bien. Lo siento.

Siempre fue mucho más fácil. Te sentía más cerca, me mirabas más profundo. Siempre me fue mucho más fácil decirte que te quiero que callármelo, pero a veces sobran las palabras. Y las personas también. Sé que sería mucho más fácil si me fuera, si te dejara, si todo esto acabara. Sé que por mucho que grite tu nombre, no me escuchas. Sé que por mucho que te quiera, para ti nunca será suficiente. Algún día  te perdonare que me hayas enamorado como si después de ti no hubiera nada, nadie. Aunque en el fondo es cierto, después de ti no me queda nada, solo millones de personas que no te llegan ni a la suela de los zapatos. Porque después de ti se me acaba el mundo. Pero bueno, que da lo mismo. Todo lo que te escribo, todo lo que te digo, son palabras que se esfuman en un abrir y cerrar de ojos. Y admito que eso es lo que más me duele. Saber que lo más bonito que he sentido, que lo más bonito que tengo para darle a alguien, me lo tengo que guardar porque he llegado demasiado tarde a tu vida.


No es justo. Ojalá pudiera haber llegado antes, pero nadie decide estas cosas. Y no quiero dejar pasar lo que siento, no quiero quedarme quieta mirando como pasas por mi lado. Porque eso sería dejar de ser yo. No puedo mirarte, como si no hubiera nada. No puedo escucharte pronunciar mi nombre como si no se me parara el mundo cada vez que me llamas. No puedo coger tu mano como si no se me erizara toda mi piel. No puedo mirarte a los ojos como si no tuviera unas ganas terribles de comerte la boca. Perdón, quería decir de besarte.