jueves, 8 de junio de 2017

No tiene ningún sentido, pero es consecuencia de sentir.

Supongo que a estas alturas ya sabes que me encanta hacer todo eso que no debería. Supongo, también, que no le encontrarás el sentido a hacerlo si luego voy a pedirte disculpas, pero no lo voy hacer. Me habría encantado tener la posibilidad de explicarte un montón de cosas, desde las sonrisas que me has provocado, hasta los días en que no quería ni ver el sol y lo único que necesitaba era tu presencia, que nunca estaba.
Una parte de mí se pregunta si acaso te dignas a leer todo esto y, si lo haces, se pregunta por qué razón nunca quisiste escucharme pero sí leerme. Pero bueno, volveré a suponer. Hay cosas que son y ya está, cosas que pasan y no tienen un porqué. Tendré que dejar de pensar en ello, si no, acabarás convirtiéndote en el maldito sol de mi universo y nunca podré dejar de orbitar a tu alrededor. Y creo que ninguno de los dos quiere eso.

Ojalá estés leyendo esto. Porque quiero que sepas que lo odio, odio escribirte y saber que esto no significa absolutamente nada para ti. Ser consciente de que estoy abriendo mi corazón de par en par al vacío, no es que sea muy agradable. Supongo, como siempre, que si lo hago es porque creo que en el fondo no hay un vacío, que a veces incluso haces un pequeño intento por escucharme. Como ahora.

Puede que no conozca nada de ti y puede que pienses que te tengo en un altar, que te has convertido en el Dios de mi vida. Pues no. En mi vida no hay ni dioses ni milagros. Y tú no eres ni uno ni otro, tú eres tú y ese es el problema. Que odio miles de cosas de ti, las cuales no cambiaría por nada en el mundo.

Han pasado cosas que no han significado lo mismo para los dos. Cosas que yo he sentido y tú no. Ganas que yo he tenido y tú no. Porque, ¿acaso tú has sentido unas ganas tremendas de huír de todos y de todo de mi mano? No. Es lógico y normal, no sé qué hace una persona como yo intentando hacer feliz a alguien como tú.

Esto se está haciendo largo, pero son cosas que necesito decirte y sé que esta es la única forma. Porque puedo pedirtelo mi veces, de mil formas distintas, que tú no vas a venir a escucharme. Y lo entiendo, porque en el fondo no hay nada que tenga que decirte, nada que quieras escuchar. Y lo entiendo, porque eres quien eres y tienes lo que tienes.

No sé si disfrutas con esto o si por el contrario deseas que me vaya para no saber nada más. Ni si quiera sé si quiero saberlo, solo sé que sin haberlo querido te has convertido en alguien muy especial, la razón por la cual estoy odiando un poco más las despedidas.

Lo peor de todo es que has llenado mi vida de “ojalá”. Ojalá de tu mano a cualquier sitio, ojalá tu voz las 24 horas del día a mi lado, ojalá tu sonrisa en el espejo, tus lágrimas en mi hombro, tu música en mi oído, tu silencio, tus letras, tus ganas, tus rarezas. Ojalá todo, absolutamente todo, juntos. No sé qué cojones estoy haciendo contándote todo esto cuando sé que lo único que vas a hacer es reírte. No sé por qué me expongo tanto a ti, a cambio de nada. No sé porque te quiero, pero lo hago; así que supongo que esto será algo parecido.

Tampoco sé por qué una parte de mí piensa que está haciendo algo mal, cuando lo único que hago es quererte y creo que nunca puede estar mal querer a alguien. Tampoco sé por qué no quieres escucharme, ni por qué siento que ni siquiera estás leyendo esto.

Solo quiero que tengas claro que nunca he querido ser un problema, que no sé si lo he sido o no, pero yo lo único que quería, lo único que quiero, es que seas consciente de que haces que me sea imposible no quererte. Y que lo único que deseo es que la vida te sonría, pero que tú le sonrías más a ella. Porque te lo mereces.

Nunca dejaré de echarte de menos, chico de los imposibles.

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