martes, 11 de julio de 2017

Solo dos palabras con tu voz.

Tenemos una capacidad bestial de romper con todo lo que nos duele, aunque nos cueste y duela el doble, lo hacemos. Acabamos con todo justo antes de que todo acabe con nosotros, creyendo que así todo será más fácil, pero nos equivocamos. Huímos del dolor y es lógico, nadie quiere romperse. Huímos y nos hacemos los fuertes. Huímos y nos creemos felices, pero no. Podemos autoengañarnos pero, en el fondo, siempre vamos a tener la certeza de que aquello que nos mataba era lo que realmente nos hacía felices. Es entonces cuando volvemos y nos damos cuenta de irse no ha servido para nada.

Tendemos a callarnos miles de cosas, a quedarnos a medias, a no querer mostrar nuestro interior al completo y, cuando lo hacemos, no somos capaces de soportar el silencio que se forma. Porque cuando decimos algo esperamos una respuesta de vuelta y no nos vale cualquiera, solo una. Una respuesta que no llega y eso es lo que no soportamos, seguir escuchando a esa persona y que nunca diga las dos palabras que quieres escuchar. Dos palabras que podrían cambiarlo todo pero que nunca lo harán.


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